Nacimiento del Nervión
La cascada de Delika por la que se precipita el río Nervión en su recorrido hacia el mar forma una garganta desde la que se desploma formando un salto de agua de 270 metros de altura. El río Nervión discurre tranquilamente por la vega de Orduña y tierras de Ayala dando lugar a la formación de un amplio y fértil valle, definiendo una alineación de montañas relativamente planas que, partiendo de las estribaciones del monte Gorbea, se extiende en dirección oeste, hasta la vecina provincia de Burgos, formándose la conocida Sierra Salvada-Gorobel. |
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Las loberas para cazar lobos
En los archivos municipales, un año sí y otro también, aparece anotada en el capítulo de gastos, la cantidad de dinero que se daba a personas particulares que habían matado lobos e iban de pueblo en pueblo pregonando su hazaña.
Que los habitantes de Amurrio considerarán al lobo su mayor enemigo no es de extrañar, si tenemos en cuenta que hasta no hace muchos años basaban su principal riqueza en la ganadería. El año 1570 en las ordenanzas que redactan los Concejos de Amurrio se recoge lo siguiente: “Porque en los términos y sitios de Amurrio y Larrinbe… acuden más que a otros cabos lobos… que hacen daño en los ganados…”, dando a entender que la presencia del lobo era corriente en estas tierras.
De ahí que se estableciera “El correr los lobos”, que se hacía siempre que era avistado un animal, de modo que, dado el aviso, de cada casa tenía que audir al menos una persona para colaborar en la caza del lobo.
Para facilitar la caza del temido animal, se construyeron loberas que, en un principio, fueron de madera y luego de piedra, de las que aún quedan varias en la Sierra Salvada y en Gibijo. Consistían en dos paredes de más de un kilómetro de longitud y dos metros de altura que, en forma de abanico, se iban estrechando hasta confluir en un foso. El trabajo de los batidores era, una vez avistado el lobo, tratar de conducirlo hasta introducirlo entre las paredes de la lobera, de donde difícilmente podía escapar; el animal, azuzado por hombres apostados en trampillas abiertas a los lados de la lobera, corría desesperado hasta caer en el foso, donde, malherido por el golpe, era rematado a pedradas o a tiros. |
Hoy, a pesar de que la presencia de los lobos es bastante frecuente en las tierras altas, las loberas han perdido su función y la mayoría de ellas se encuentran muy estropeadas por el paso del tiempo, mereciendo un elogio la lobera de El Monte Santiago, en tierras burgalesas, restaurada en el año 2000. |